Respiración natural y “Hara”

Respirar natural vol dir respirar amb la Terra, fruït de deixar-me inspirar per l’esperit (alè de vida) seguit de buscar la buidor en el ventre al final de l’espiració. Recupero la pròpia respiració natural quan em disposo a deixar sortir tot l’aire dels pulmons i dedico 10 segons a seguir buidant fins estar uns instants sense aire (sense inspirar), transcorreguts els quals abandono la retenció (buidor) a baix en el ventre i espero que l’esperit m’inspiri tot el que el cos li demani. La nova freqüència o ritme respiratori assolit està ara més aprop de la pròpia respiració natural, sempre més profunda i més lenta que la respiració que exerceixo habitualment. La nova freqüència  ritme respiratori fa vibrar la ment en un pla més subtil, impedint l’entrada de pensaments de vibració molt diferent, molt més densa. Generant onades cap al centre vital, puc sentir amor cap a mi mateix, deixant d’exigir-me o culpabilitzar-me, una confiança i amor més forts que la por que em genera l’afany i el poder que mou l’ésser humà a adquirir possessions, i tenir control sobre coses i persones

Trobant el valor de la freqüència pròpia

Puc descobrir el respirar de la terra escoltant la remor del mar. Conèixer la freqüència de les onades que arriben a la platja és aprendre a posar el meu respirar natural en fase, a temps, amb l’arribada de les ones.  És a través de la ona de Barcel-ona i llur freqüència que miro de transmetre i propagar el meu respirar arreu de Catalunya i el món. Si la humanitat acompanya la respiració de la terra, les amplituds de la respiració de l´home-dona universal i de Gaia, podran sumar, o multiplicar per dos en cada inspiració i espiració per haver entrat en ressonància, fent-se cada cop més gran l’amplitud i devenir  infinita, i a partir d’aquí no sabem que passarà.

La freqüència pròpia d´un conspirant és el nombre de vegades que el cicle de la seva respiració natural està contingut entre dues onades del mar, és a dir, Quants cops el període de la meva respiració natural està a dins del període entre dues ones consecutives que arriben a la platja?. Si per exemple el meu cicle respiratori es repeteix fins a 3 vegades dins del període transcorregut entre dues ones consecutives, vol dir que la meva freqüència pròpia és 3. Això significa que hauré de trobar una dona que respiri amb aquesta freqüència o el doble, per tal de polsar a temps, trobant junts la buidor a la fi de l’espiració conjunta. Ara be, si la meva freqüència natural no és múltiple exacte de la freqüència del respirar de la terra hauré d’ajustar-la, arrodonint per dalt o per baix la pròpia freqüència, triant un nombre sencer de cicles que quadri amb el de la terra i alhora em resulti natural.

Mesurar el cicle respiratori de la terra ha de fer-se el mateix dia o moment de l’any en que es produeix l’efemèride de l´inici del cicle de conjuncions en signes d’aire. Això vol dir que la lectura de referència és considerar la freqüència de la remor del mar corresponent a 20 desembre de qualsevol any.

La sádhana

Sádhana significa práctica diaria, consiste en practicar la respiración alternada. Es un ambiente creado para ese momento de intimidad y si puede ser de solemnidad (añado la presencia de los cuatro elementos de la naturaleza: fuego con una llama, aire con incienso, un vaso de agua que evoca mis sentimientos y emociones y un rubí o mineral con forma de geometria sagrada para evocar el elemento Tierra) y me dispongo a sentarme y respirar con el propósito de hacerme el mejor regalo del dia.

Cuando respiro a través de las fosas nasales no siempre lo estoy haciendo con las dos, así que esta respiración obliga que ambas fosas trabajen por igual. HaTa proviene de la unión Ha (respiración solar) y Ta (respiración lunar) y el Tantra-yoga nos dice que el patrón diario de cada fosa viene determinado por las influencias del Sol y la Luna, para superar esta influencia sus seguidores recurren a la respiración alternada para garantizar el equilibrio del patrón respiratorio entre las respiraciones solar y lunar. Cuando el flujo de aire pasa a través de la fosa nasal derecha produce efectos excitatorios mientras que si lo hace por la fosa  izquierda los efectos que produce son de inhibición. Practicar esta respiración tan lentamente como sea posible estimula la colaboración entre los cerebros derecho e izquierdo, entre la intuición y el intelecto. Maestros espirituales de oriente (Raja Yoga) recomiendan 15 minutos de esa práctica para equilibrar hemisferios del cerebro, mejorando su funcionamiento y calmando las emociones.

Respiración alternada

Me siento en posición seiza, sobre los talones (de rodillas con los muslos descansando sobre los gemelos) aunque existe taburete y de esa forma mantengo una posición derecha y equilibrada e inicio el primer ciclo:

1. Tapo la fosa nasal izquierda con el dedo anular y comienzo a inspirar por la fosa derecha hasta llenar completamente los pulmones de aire.

2.1 Inmediatamente de no aspirar más aire tapo también la fosa derecha con el pulgar y de ese modo contengo la respiración unos instantes.        2.2 Libero la fosa izquierda y dejo salir el aire lentamente hasta que los pulmones se vacíen completamente. Me aseguro de estar unos instantes sin inspirar con los pulmones vacíos, de ese modo la siguiente inspiración se hará aún más profunda y ese mayor flujo de aire que recorrerá mi cuerpo lo va expandir al máximo.

3. Inicio la siguiente inspiración, ahora tapando la fosa derecha con el pulgar hasta tener los pulmones llenos de aire, retengo… y de nuevo espiro, pero esta vez por la fosa derecha y con la fosa izquierda tapada, hasta llegar al vacío total. Con esas dos inspiraciones y esas dos espiraciones forman un ciclo. El ciclo total se completa cuando se han realizado hasta 10 ciclos de respiración alternada.

La sádhana termina con la práctica de la respiración natural durante trece1 ciclos de espiración e inspiración para controlar desde la primera respiración su ritmo y profundidad. Durante un periodo indeterminado de tiempo (sino no seria un regalo) lo dedico a la limpieza mental que consiste en observar lo que sucede en la pantalla de mi mente sin interferir en nada y a sentir qué emociones se manifiesta. Para evitar identificarme con ellas (quedar pillao) decido nombrar esos “demonios”2 y darles la bienvenida con un “qué hay de nuevo viejo”, y eso porque hay la absoluta convicción de que se van a ir de la misma forma que han llegado.

1. Elijo 13 respiraciones por ser 13 los grados de avance medio diario de la Luna en su recorrido zodiacal y por ser 13 las lunas que tiene un año: 28 · 13 = 364 (Factor Maya. J.Argüelles).

2. Nombrar demonios es una técnica que usan los budistas cuando quieren liberarse de emociones que no desean tener. “…y cuando se ha vencido el miedo, el anhelo, el apego a la existencia,  asoma la cabeza del más grande de todos, el demonio del orgullo”.

Respiración natural

Recuperar la respiración natural es responder como el bebé. La llave es respirar desde el Hara y la puerta fluir en el vacío.

Recuperar la respiració natural  és respondre com el nadó. La clau és respirar des del Hara i la porta fluïr en la buidor.

Si respiro conscientemente recupero la conexión con mi cuerpo físico. Respirar de forma natural y profunda otorga la capacidad de relacionarme plenamente con mi cuerpo, con los demás y con el entorno. Si la respiración es equilibrada mis pensamientos y sentimientos se equilibran, pues solo doy entrada a frecuencias que vibran como yo estoy vibrando. Para asegurar que la respiración sea natural debo poner la máxima atención al final de la espiración, y estar ahí calmo, vacío, y desde el vacío de la pausa me lanzo a la plenitud de la inspiración. Descubro mi propia respiración natural cuando al fin detecto como interfiero y bloqueo este proceso. “Recuperar la respiración natural es responder como el bebe que respira con todo el cuerpo”. La respiración natural es siempre libre por no existir resistencias ni tensiones que bloqueen su flujo natural de entrada y salida. Es en el hara donde siento que se ubica el impulso natural de inspirar, así que pongo la mayor atención en la espiración, sobretodo en la pausa al final de ella, en lugar de hacerlo en la inspiración la cual se produce espontáneamente.

La respiración profunda que nace del abdomen y que atraviesa todo el cuerpo hacia arriba y hacia abajo con sus ondas, masajea los intestinos y estimula la zona ventral y vital del cuerpo. Entrar en el vacío al final de la exhalación es entrar en lo desconocido, es abandonar toda resistencia, liberar aferrarme y renunciar a toda expectativa. Sin intención y con plena aceptación de lo que es, entro en la distensión y la relajación. Estar relajado (dejando ir un hilo de aire para evitar inspirar demasiado pronto) es estar sin tensiones, y con el fluir del cuerpo-mente en el vacío, acaso alcanzar plenitud.

Vacío y plenitud son estados de una misma realidad que en la dualidad fenoménica solo podemos concebir separadamente o secuencialmente, como día y noche, frio y calor, pero en realidad lo que observan mis ojos es luz y ausencia de luz, y lo que siente mi cuerpo es calor y ausencia de calor.

Respirar desde el hara deviene una danza entre el espíritu que inspira y la conciencia que espira y vacía. Si tomo consciencia y me ocupo solamente de la exhalación puedo contraer el vientre y sentir la pulsación de mi centro vital, y la respiración deviene rápidamente natural. No solo regula de manera automática el ritmo de mi respiración natural, sino que anclado sobre mi centro vital y de gravedad del cuerpo alcanzo la mayor relajación. Y la práctica

Dejándome respirar

Tumbado/a boca arriba, cierro los ojos y dejo reposar los brazos en contacto con el cuerpo. Centro la atención en la respiración sin tratar de influir en ella. Imagino que en cada inspiración el Universo me insufla aire hacia dentro y con cada exhalación lo retira, se lo lleva. Soy receptor pasivo de la respiración y dejo que el cuerpo me respire. No deseo controlar ni ofrecer resistencia a lo que viene y hay ahora… Se trata de permitir dejarme respirar por el universo. A propósito de la eficiencia de esa experiencia dice el Maestro de aikido Tohey:

“Puedo imaginar mi vientre como un centro de fuerza del tamaño de una sandía…., que se reduce al de una gran naranja… y después al tamaño de una manzanita,….y de la ciruela a un grano de uva situado a tres dedos bajo el ombligo (Hara). Sigo dividiendo por dos, desde una semilla de uva hasta visualizar una minúscula gota de rocío sobre el pétalo de una flor. Si pruebo de visualizar mejor esta gota brillante es posible que surjan dificultades para visualizar la división por dos del Ki. Sigo manteniendo enfocada la atención en el centro del vientre, imaginando como este punto sigue reduciéndose a la mitad indefinidamente y sin que llegue a extinguirse ya que siempre quedará la mitad….. Cuando alcance el límite de ser demasiado pequeño para poder ser concebido, mantengo ese centro infinitesimal en la mente y lo dejo estar. En ese momento me hago uno con el universo. Si dejo que la mente divague noto que me debilito, si reduzco el punto a un tamaño demasiado pequeño para ser imaginado, la mente deviene calma e inquebrantable porque se ha hecho uno con el universo, este es el principio de la unificación de la mente y el cuerpo”.

El Hara, centro vital del ser humano

La presencia del Hara (vientre en japonés) se manifiesta como una actitud erguida, estable y recogida. Aquel que posee el hara ha hallado el camino de su centro original. Hara es el centro vital y de gravedad del cuerpo a través del cual la conciencia del yo conecta con el SER o ser esencial. La presencia de esta fuerza da testimonio de que el ser humano ha establecido contacto con las fuerzas sobrenaturales de su Ser esencial. El sentido profundo del hara es la posibilidad de vivir nuestro Ser esencial al servicio del SER.

El hara es lo único que nos permite realizar plenamente nuestro sentido de la vida, es decir, manifestar al SER en la propia existencia. Estando anclado en el hara es como puedo liberarme del dominio del ego, cuyos objetivos y prioridades de seguridad, posesión, poder y de valor a los ojos de los demás están ocultando, eclipsando, los objetivos del SER. La progresión sistemática en recorrer el camino interior depende de tres factores: la experiencia vivida, la toma de conciencia y el ejercicio.

Condiciones previas a todo ejercicio son: El enraizamiento o vinculación a la tierra, el sentido y límites del ejercicio y las condiciones de base de toda práctica. El sentido consiste en poder manifestar la esencia divina a través del ser esencial. El estado de ser que permite esa experiencia del SER no es fruto de un acto de voluntad, sino que viene de abrirse a lo que existe en el fondo de uno mismo y que de modo natural pugna por brotar. Ejercitarse es aprender a crear aquellas condiciones necesarias para que pueda aparecer la realidad inmanente del Ser esencial y para que éste se manifieste en el mundo. Las condiciones para la práctica son

1. Anhelo profundo que aparece cuando el yo se aleja del Ser divino.

2. Disponer de cierto estado de espíritu que en lugar de buscar éxito material o poder, se busca únicamente ganancia interior, o progresar en   el camino interior. Cuando el fin sea la transparencia que permite al yo percibir al SER en el mundo, en lugar de inflarse, se convierte en obediente, fiel y gozoso servidor del Ser esencial que en realidad somos todos nosotros.

3. Tener voluntad firme. Lo nuevo es excitante, pero no llega a habitar en el hombre sino es con perseverancia y desarrollando un compromiso total. A veces es necesario tener la capacidad de guardar silencio en la búsqueda de lo divino de uno mismo.

Elementos fundamentales del ejercicio son: postura, respiración y tensión-distensión. El ejercicio de la actitud o postura justa pasa por la expresión y sostén de un estado de ser que corresponde de una parte a las exigencias del mundo y de otra a las exigencias del Ser esencial. La actitud justa es permanecer de pie, con las piernas firmes, pies separados, brazos caídos y la mirada hacia el infinito y anclado en el Hara. De esa forma se posee una sorprendente estabilidad ante un empujón en la espalda y ello porque el cuerpo y la consciencia se sitúan en el centro de gravedad (Hara). Para formar el órgano de percepción interior es mejor cerrar los ojos, mantener silencio y sentir interiormente ese cuerpo que uno es en el interior. Así que se trata de percibir el cuerpo de arriba abajo y de abajo arriba, sentir toda tensión y soltarse, prestando especial atención a la respiración y reconocer su movimiento. Al comenzar la espiración uno se suelta en los hombros y el cuerpo se asienta en la pelvis al final de la espiración. La técnica del Hara comporta una aceptación justa del vientre que debe producirse al final de la espiración (el vientre sale hacia adelante)  Con este movimiento en que el bajo vientre y la región lumbar toman amplitud, el hara halla su propia expresión corporal.

El hombre que está perfectamente en calma y sereno no se siente nunca centrado en la parte alta, sino sólidamente anclado en la pelvis, pleno de fuerza o poder en los riñones y en todo el tronco. Aquel que está anclado en su centro, de base más profunda y amplia, empieza a sentir no solo una distensión física en la parte alta del cuerpo, sino una transformación de todo su ser. Este soporte permite que el practicante se abra a la unión con la madre tierra, fuente de distensión y liberación de todo lo que permanece oculto a causa del yo, y a condición de que ponga en ella toda su confianza, hallando así las raíces. Al movimiento hacia abajo (relajarse e instalarse en la pelvis y de enraizarse allí) le sigue automáticamente el movimiento de desarrollo y crecimiento hacia arriba. De ese modo el respirante siente que la fuerza que viene de la pelvis sube por la espalda y luego se extiende por todo el cuerpo. La verticalidad que surge de este estado provee elasticidad y dinamismo. Una vertical justa, fruto del Hara, no es un producto de la voluntad, sino más bien de una consecuencia natural.

El Hara libera al hombre de la imagen de su persona, es decir de aquellas falsas actitudes interiores que haya adoptado en función de su cometido en la vida. El hara permite que se vaya desarrollando una forma (gestalt) que sea, no solo expresión del propio Ser esencial, sino que a la vez vaya realizando poco a poco ese ser esencial, esto es, mantenerse fiel a su ser esencial sin dar la espalda al mundo. El primer don del hara es dotar de más estabilidad y mayor fuerza de realización y de afirmación; el segundo don es obtener una forma verdadera propia del ser humano y el tercero es una mayor receptividad a la transparencia, estableciendo contacto con la realidad trascendente. La práctica confiere un sentir que va despertando una especie de consciencia que me lleva a establecer ese contacto, impulsándolo constantemente a rectificar de modo espontáneo la actitud. El sentimiento de liberación que nace de esa actitud facilita el ejercicio de la actitud justa Es la libertad de quitarse de encima todo aquello que cierra el paso al Ser esencial, dejando venir lo que sea conforme con él, es decir, dar testimonio en el mundo, por medio de un lenguaje ajustado al propio ser.

Siempre que la vida nos inmoviliza va seguido de un endurecimiento y en el lugar en que se forma la tensión que mantiene este endurecimiento nace una barrera en el cuerpo que impide progresar en la vía interior La principal finalidad del ejercicio de distensión es la de suprimir esas tensiones de resistencia que se sienten como crispaciones o contracciones. Éstas sobrevienen siempre que el hombre o mujer se fija, se agarra a algo, está tenso/a cuando no quiere soltar una postura dada, si está obsesionado/a por algún deseo, prisionero de algún miedo, cuando no puede quitarse de encima ciertas agresiones a causa de resentimientos y convencionalismos, o un sentimiento destructivo de culpabilidad, de angustia existencial, o por la imposibilidad y/o incapacidad de establecer contactos. Esa es la fijación consciente o inconsciente que es considerada en las más remotas formas de religión como el peor de los males. Detrás de todo apego paralizante se oculta, consciente o no y con mayor o menor importancia y duración, una fijación del yo.

El proceso de maduración queda bloqueado si un hecho acaecido provoca una sobrecarga afectiva, dando así origen a la fijación de una tensión. Toda tensión concreta se ha de considerar, no como una simple contracción muscular, sino como expresión de desconfianza con respecto a la vida y por ello se puede tratar con un ejercicio de base que al transferir a otro plano y restablecer el movimiento, le hace recobrar la vida. Ese es el sentido de la práctica del hara. El hombre alcanza la calma y pierde el miedo cuando aprende, no a soltar los hombros, sino a soltarse a nivel de los hombros con un gesto de confianza en su centro, a instalarse/anclarse conscientemente de forma continua en ese centro. En el movimiento hacia abajo se disipan las tensiones, cede la actitud de defensa del yo y por el contacto con el centro vital el hombre reencuentra la forma que se ajusta a la totalidad de su ser.  La forma justa se desarrolla en una alternación continua entre tensión y distensión. El ejercicio de la distensión supone que el hombre ha de liberarse de actitudes ancladas profundamente en él y que están impidiendo su contacto con su verdadera naturaleza del SER esencial.

En la tercera etapa el yo toma consciencia del ejercicio de la respiración al servicio de la trascendencia. La respiración natural no es fruto de la voluntad, sino que va y viene por sí misma sin que el yo haga nada, y tiene como fin recuperar la respiración diafragmática, lo cual produce un efecto saludable a todos los niveles. El ejercicio ha de empezar por ir hacia abajo, en la espiración. Toda modificación durable de la respiración supone un cambio de actitud frente a si mismo y a la vida. Es justamente por la respiración como se aprende a tener confianza con la Gran Fuerza. Al hallar el centro justo en el Hara, el yo se vuelve a entregar, con obediencia y fe al movimiento de la vida y sobretodo decide estar “al acecho” a fin de tomar consciencia del momento en que se haga, o se logre este abandono. Cuando se halla el centro justo, el yo se siente despertar a su Ser esencial, ello se traduce no solo por la sensación de haber sido liberado, de ser más libre en su existencia, sino por el hecho de que tiene conciencia de estar comprometido, o en deuda con respecto al SER. Esta promesa se hace realidad si uno sabe seguir la ley que percibe en el fondo de sí mismo, por su conciencia interior. El hombre que haya sabido abandonarse hasta lo más profundo de su Ser, dispone de un Yo cercano al Sí-mismo. La mejor preparación es el ejercicio del silencio que consiste en liberar lo más posible la conciencia de todo lo que la habita; se trata pues de dejar la mente vacía.

Fragmentos de “Hara” de K.G Dürckheim

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